lunes, 1 de abril de 2013

Tarea 3


HOMBRE DEL SUR


Era por la tarde y bajó al estanque destinado al baño, a la natación o a otros ejercicios y deportes acuáticos. Observó a unas inglesas y unos americanos cadetes que jugaban en la piscina. Se sentó en un asiento con respaldo, por lo general con cuatro patas, y en que solo cabe una persona y vio a un hombrecillo que caminaba por el borde de la piscina. El hombrecillo se le acercó y le pidió si se podía sentar en la silla de al lado. Seguidamente una pareja, una inglesa y un cadete, se acercaron para pedir si las sillas estaban ocupadas. Se sentaron en ellas. El chico sacó un paquete de cigarro pequeño de picadura envuelta en un papel de fumar y les ofreció a todos. El hombrecillo dijo que el tenia puros. Sacó uno y lo preparó. El cadete sacó el mechero y se dispuso a encender su puro, pero el hombrecillo dijo que con esa corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturales no se encendería, pero el cadete dijo que su mechero siempre se encendía. El hombrecillo le propuso hacer una apuesta, él se apostaba su vehículo automóvil de tamaño pequeño o mediano, destinado al transporte de personas y con capacidad no superior a nueve plazas, y el chico su dedo meñique de la mano izquierda. El cadete no lo veía claro pero al final aceptó. Fueron a ver el coche y después subieron a la habitación del hombrecillo. Tomaron un café mientras preparaban el mueble, por lo común de madera, que se compone de una o de varias tablas lisas sostenidas por uno o varios pies, y que sirve para comer, escribir, jugar u otros usos. El hombrecillo le dijo a la doncella que le trajera unos clavos, un cuchillo de carnicero y un martillo. Mientras el preparaba la mesa la doncella le llevó los utensilios. Ató la mano del cadete a la mesa. El cadete tenía que encender 10 veces seguidas su encendedor de bolsillo. Empezó hasta que llegó a la octava encendida y una mujer irrumpió en la habitación y empezó a golpear al hombre. Luego nos explicó que lo había hecho otras veces y que ya no tenía nada que apostar porque el coche era de ella. El señor le devolvió el instrumento, comúnmente metálico, que, introducido en una cerradura, permite activar el mecanismo que la abre y la cierra., y la mujer las cogió con su mano, solo le quedaba un dedo además del pulgar.